viernes, 9 de mayo de 2008

Atencion, Sonreir


¡ah no dejéis que me ahogue en este mundillo de mercaderes!
Aquí comen bien y beben bien,
En el hocico llevan puros,
Las manos metidas en los bolsillos,
Hacen bien la digestión…
¡Quien pudiera digerirles a ellos!
Heine



La vida, no es como un libro para colorear, uno no puede pintarla de sus colores favoritos. Bien porque sus colores favoritos, son solo eso…”sus” favoritos, bien porque todos quieren pintar, bien porque los colores son muchos y no todos combinen. Lo odioso es que se nos niegue la posibilidad de pintar.
Un calvo, entrañable y lejano/cercano amigo me dijo que mundo no es como quisiéramos que fuese, sino como es, tal aplastante lógica me acerca al consejo de otro calvo amigo que en vida las ejerció de mi padre y me enseñó que nunca hay que agachar la cabeza.
De ellos, por cierto no es la culpa de que no pudiésemos redoblar la mano de quiénes motivados por mezquinos intereses dejaron a medio femenino Chile sin píldora y que hace un par de días se negaron a permitir la posibilidad de que todos estuviésemos representados (por lo menos oficialmente) en el Congreso Nacional. Todo seria mas fácil si la voluntad de ellos, sintonizara con los deseos de nosotros, los otros.
Un futuro calvo amigo, me dice que tenemos los gobernantes que nos merecemos, y pienso que merecemos algo más, no pido nada sobrenatural, solo un poco más de equidad (ahora que la palabra se usa tanto). Para mi futuro calvo amigo, como para mi, serian las cosas más simples si no tuviésemos olfato, así no podríamos oler que desde el dedo del sr. Lagos hasta los pañuelos desechables de Frei pasando por los calzoncillos de dos días de Insulza y las sopas que alguna vez cocinó la Michelle, todo eso, huele mal, muy mal, huele que apesta. Pero en la neblina de la ceniza chaitenina y el smog santiaguino nadie se entera de nada, excepto quienes con la sartén tomada por el mango se dedican a hacernos más difíciles las cosas que otrora, o siempre debieron ser solamente…un poco más simples.
Una personita favorita cara de cuiquita (y que no lo es) que tengo lejana/cercana me ha pedido siempre que no deje de creer que todo un día se volverá un mar, que depende de nosotros no aflojar; porque el cambio empieza dentro, se extiende a los cercanos y se grita en la calle, pero se gana con responsabilidad, sin dobles estándares, sin ambigüedades, con convicción de esa que a muchos les falta o que a muchos se las compran con un viaje a Paris, o con un sillón de cuerina con vista al atardecer.
Pletórico de buenos consejos me enfrento a nuestra realidad dura, poco oxigenada, egoísta, realidad de frívolos (pero frívolos… frívolos, no entretenidos ni entretenedores) realidad de cuentas impagas y noches en la casa grande (como diría el chinga´o) para algunos y de caviar para otros. Una realidad que de ser una pesadilla pasó a convertirse en la normalidad. (Como si normal fuese la cesantía extrema, la delincuencia desatada, el narcotráfico y la corrupción política de la mano o que tendremos de Presidente de Chile a Piñera o que tenemos de Senador a Arancibia y que en San Antonio el diputado es Eluchans…que serviría más en estado vegetal que en un escaño que se ganó a puras mentiras). Y claro se me podrá decir que soy derrotista o amargo o quien sabe que otro apelativo, pero muy por el contrario, frente a tanta inoperancia (como dice mi futuro calvo amigo) solo miro y sonrío, sonrío y cuando no lo hago, me río, me genero ataraxia (de nuevo) y digo que las cosas cambiarán, sí, cambiarán y no me inmovilizo y les digo a los amigos pescadores que hay otro limite mental y me acuerdo de la Consuelo y su colectivo construyéndose y de otros amiguitos, de todos los amiguit@s, que juntos como separados que estamos, colocan un grano de arena en la palestra, grano que será polvo, y tierra y barro y piedras y rocas y se hará dura e invencible.

Ya…
Y mientras sigo pensando-lo todo camino por mi propio camino de colores para colorear, (que no sé donde me llevará) a ver si en algún punto X, puedo también colorearlo de mis colores favoritos.
En ello confío.

Aunque ahora ya no es más que un viejo libertino, no por ello ha perdido su sabiduría.
Groucho Marx